Demasiado rojo,
y mi mente nublada patea mi corazón
Demasiado rojo,
la piel del veneno rozando mis piernas
El rojo que arde,
no quema. moja. el espejo y sus palabras
rebotan mi conciencia, nos llaman al fuego.
Rojo aire y la sensualidad desmedida
tornándome acre.
El rojo de Dios, la ira , el instante,
mi espalda es mi cara que vomita pinceles
manchando el suelo en dónde se sostienen
mis luchas de risas.
Rojo rugido, adentro sus patas, sus garras, me trepan
buscándome el extrañar del latido
que arde y libera también
sábado, 14 de febrero de 2009
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